Ntra. Sra. de la Esperanza

Hasta que no se desveló su verdadera paternidad, la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza llegó a estar atribuida al escultor dieciochesco Pedro Duque Cornejo, probablemente por los rasgos juveniles que exhibe su agraciado rostro. No deja de causar extrañeza el hecho de que Félix González de León, siendo contemporáneo de Juan de Astorga (1777-1849), a quien señaló acertadamente como autor de otras Dolorosas de la Semana Santa de Sevilla -las del Subterráneo y Buen Fin-, no incluyera ésta de la Esperanza en su producción, tratándose además de una de sus creaciones más afortunadas.

Debió tratarse de un inoportuno descuido, pues lo cierto es que Juan de Astorga la esculpió, como lo acredita la existencia de un recibo conservado en el archivo de la Hermandad de la Trinidad, cuyo tenor literal es el siguiente: “Reciví del Pe F. Josef Cavello quatrocientos rrs von para dar principio a la Escultura de una Sa de los dolores, para la Cofradía del Sagrado decreto situada en el Convto de la SSma. Trinidad Calzada, la qe ha quedado ajustada en novecientos rs vn concluida del todo y pintada. Sevilla y Junio 19 de 1819. Juan de Astorga (rúbrica). [Al margen izquierdo] Son 400 rs vn [En el ángulo inferior izquierdo] Reciví el total de la cantidad. Sevilla y Febrero 9 de 1820. Juan de Astorga (rúbrica).

De la lectura del mismo puede extraerse una substancial información a propósito de las condiciones en que se comisionó la imagen de la Virgen de la Esperanza. En primer lugar, queda bien claro que la destinataria del encargo fue la Cofradía del Sagrado Decreto de la Santísima Trinidad. Podría dudarse sobre si Fray José Cabello – hermano, capellán de la Hermandad y Padre Vicario del convento hispalense de la Trinidad Calzada- actuó como simple intermediario ante el escultor, pagándole con fondos de la Hermandad, o si él mismo fue el patrocinador de la obra; nosotros nos inclinamos más bien por esta última hipótesis, pues en el correspondiente Libro de Clavería no queda rastro alguno de desembolso al artista. Sí consta en la carta de pago transcrita líneas atrás que el 19 de junio de 1819 Fray José Cabello hizo una primera entrega de 400 reales de vellón a Juan de Astorga para que diera comienzo a la efigie “de una Sa de los dolores”, cuyo coste total, incluyendo su policromía, se había pactado en 900 reales. El finiquito de dicha cantidad lo cobró el 9 de febrero de 1820. Por consiguiente, entre ambas fechas debe situarse la ejecución material de la referida escultura mariana que, una vez más, debe recordarse que figuró en el paso del Cristo de las Cinco Llagas hasta 1924, cuando se entronizó por primera vez bajo palio.

La historiografía artística sevillana ha sido unánime en subrayar el peso específico de esta Dolorosa en el contexto de la obra de Juan de Astorga. En su conocida monografía sobre este escultor, Ruiz Alcañiz pone de relieve el influjo romántico que late en la configuración del semblante de la Virgen de la Esperanza, tan ensoñador y delicado53. Por nuestra parte, entendemos que es su Dolorosa más carismática, habiendo ejercido, en lo que a esta iconografía se refiere, un poderoso influjo sobre algunos imagineros contemporáneos hasta llegar a convertirse en un modelo repetidamente evocado o incluso imitado.

Atendiendo a una descripción morfológica de esta imagen de candelero para vestir (1,58 m.), recordaremos que su cabeza se inclina con grácil levedad hacia su derecha, entornando la mirada. Cinco lágrimas patentizan su tristeza, de las cuales dos se derraman por la mejilla derecha y tres por la izquierda. Un sollozo se escapa por sus labios entreabiertos, proyectándose la lengua hacia el exterior, cuya talla se hace visible entre ambas hileras de dientes. En el centro de la barbilla exhibe un hoyuelo.

El resultado es el de un rostro de exquisita belleza, una mezcla perfecta, como se ha dicho, de juventud, encanto y dulzura, que nos embelesa y cautiva, y nos hace partícipes de su llanto suave y consolador.

La imagen de Nuestra Señora de la Esperanza ha sido objeto de varias restauraciones, ninguna de las cuales, por fortuna, ha provocado la alteración de su fisonomía original. Una de las primeras intervenciones de las que se tiene noticia es la de Ángel Rodríguez Magaña en 1907, a la que siguió otra de Sebastián Santos Rojas en 1967. Por su parte, Luis Álvarez Duarte le incorporó un nuevo candelero en el año 2000. Finalmente, en 2012 la imagen fue restaurada por los técnicos del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, labor de conservación esta última que consistió fundamentalmente en la consolidación de la fijación de la mascarilla y en la limpieza de la policromía.