Nuestra Señora de la Esperanza ataviada de hebrea

El origen de vestir a las dolorosas de “hebrea” se encuentra en Sevilla, a principios del siglo XX. Su ideólogo fue  Juan Manuel Rodríguez Ojeda, bordador y diseñador sevillano que revolucionó el mundo de los bordados sacros. La primera de las imágenes que fue vestida de este modo fue la Virgen de la Hiniesta de San Julián,  de la cual Juan Manuel era el vestidor. Con esta nueva forma de vestir a las imágenes de la Virgen, Rodríguez Ojeda otorgo de mayor personalidad propia en su atavío, y así perfecciono el atuendo de hebrea.

Para el tocado, el bordador, pensó que las dolorosas tenían que ir lo más simples posibles, ya que lo que la vestimenta quiere representar es a la Virgen humilde y mostrar a una mujer de hace dos mil años en Palestina. Por ello, los tocados de hebrea son siempre de telas lisas y sin adornos, como el tul, o el raso blanco. En la vestimenta de hebrea, quizás lo más característico sea el fajín que la imagen luce en su cintura. El conjunto recuerda a la iconografía de la Inmaculada Concepción de la Virgen, no sólo por las doce estrellas que se disponen alrededor de sus sienes, sino también por el colorido, ya que el rojo jacinto y el azul cobalto eran los colores inmaculados originales.  Y es así como se presenta nuestra amantísima titular,  en este tiempo de Cuaresma, sencilla y humilde donde solo destaca su belleza angelical.